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Viviendo mil vidas, en tiempo de pandemia

Por: Maurina Ayelén

Todo comenzó, un día de otoño, las noticias alarmantes comenzaron a circular por todos los medios de comunicación: «El presidente Decretó la Emergencia Sanitaria en virtud de la Pandemia declarada por la Organización Mundial De La Salud (OMS) en relación con el coronavirus COVID-19 2020»

La gente estaba aterrada por los hechos en países vecinos; otros sin tener conocimiento de ellos continuaban sus días normalmente, creando expectativas para un año intenso de mucho trabajo, estudios universitarios; otros con la mente en vacaciones y yo.

Una joven de 25 años, casada sin hijos, con estudios en proceso y con mucha motivación para enseñar algún día a seres inocentes que llevarán su entusiasmo y ganas de aprender en un lugar llamado Escuela Primaria.

Las noticias alarmaban sobre el peor virus mundial, en el que se verían afectados seres queridos, ancianos y con problemas de salud. Fue allí, que los días cambiaron. La pandemia por Covid-19 nos cambió. Cambio la vida de las personas en todas partes de la tierra, puso en cuarentena a todos los países y a ciudades enteras, dejando calles completamente vacías. ¿Quién lo diría? Que un virus, nos encerraría en nuestras casas, evitaría el contacto físico con nuestras familias y causaría mucho temor con el simple hecho de circular por nuestra ciudad.

Los meses pasaban, la situación parecía no tener una pronta mejoría. Amigos, familia y vecinos espantados por las cifras de cada día indicando los casos positivos reportados en el país.

Temía por mis allegados más que por mí, hasta que me di cuenta de que debía continuar con actitud positiva para poder animar a las demás personas de mi entorno. Necesitaba encontrar en mi hogar un refugio, poder mostrar empatía a cada persona con la que virtualmente me contactaba. Y así lo hice. Pero al apagar las cámaras y finalizar llamadas, me encontraba en una soledad que iba más allá de querer estar acompañada. Mi marido retomó sus actividades laborales y allí me quedaba yo, en casa y sin tener propósito durante el día, más que estudiar y comunicarme con mis seres queridos.

Fue una tarde en que decidí leer un libro. Fue entonces que descubrí la maravillosa esencia de sueños plasmados en páginas. Esa fue una sensación nueva que me llevó a imaginar y conectarme con las vivencias y personajes de cada historia. Me hizo sentir en un lugar diferente.

Una noche me senté en la cama con mí mate y comencé a navegar por la web con el fin de encontrar el libro indicado para continuar en ese mundo de fantasías al que estaba por sumergirme. En ese instante halle un lugar mágico, centenares de títulos, portadas, autores…

Yo allí, poniéndome cada vez más nerviosa e indecisa, deseando elegir y acostarme a disfrutar de sus páginas, porque sí un libro lleva a otro yo quería, esa misma noche, toparme con otro de mis favoritos de cuarentena. Pero allí seguía… Castigándome por dentro. ¡Rayos con los años que tengo, ya podría haber leído miles de ellos! – me dije.

En ese momento, vino a mí la imagen de un póster que colgaba de la biblioteca escolar dónde cursaba los grados de primaria. Recordé, que solía acercarme en horario de recreos a contemplar ese lugar tan tranquilo y ordenado dónde había un organizador de libros de diferentes géneros y tamaños. Me fascinaba solo mirarlo. Lamenté que muy pocas veces me atreví a llevarme libros de cuentos a casa. Pero 15 años después vino a mí mente la imagen de una pancarta que colgaba allí y decía: » Chicos, leer les agrandará el deseo y el horizonte de la vida» (Ernesto Sábato)

Sentí escalofríos en todo el cuerpo, leí 5 años ese cartel y no entendía qué mensaje realmente nos dejaba. Hoy, en estos meses de aislamiento, entendí que leer da sentido a nuestra vida. Dejé de deplorar lo que en el pasado no descubrí.

Hoy elijo leer un libro antes que navegar por la web o mirar una serie en Netflix. Hoy elijo leer antes de sentarme a mirar las personas que pasan por mí vereda. Hoy elijo leer para sentirme libre. Elijo leer para encontrar allí la aventura que quizás no podré en este momento disfrutar por la cuarentena.

Elijo hacer una videollamada con mis padres y sobrinos e invitarles a escucharme leerles un cuento, un fragmento, un capítulo de una novela y ver en las pantallas sus rostros prestando atención a cada palabra leída, transmitiéndole así un momento agradable, un momento de relajación y disfrute donde ellos también puedan vivenciar la historia contada.

Es triste la situación que vivimos a nivel mundial, pero puedo decir que durante la pandemia descubrí lo maravilloso que es vivir mil vidas a través de los cuentos.

Felicito a cada persona que elige hoy, un libro para leer. Yo, a mis 25 años, hallé un consuelo para mis heridas, ánimo para mis días de tristeza, paz para mí mente y miles de caricias para mi alma.

No todo está perdido, nunca es tarde para hallar uno o mil libros favoritos.

Maurina Ayelén Romero:

Nací el 5 de noviembre del 1995 en la ciudad de Montecarlo provincia de Misiones. Resido actualmente junto a mi esposo, en la localidad de Oberá.

Soy estudiante del profesorado en Educación primaria del I.S.F.D de la E.N.S n°4 “Nicolás Avellaneda”.

Me encanta la música, y en estos últimos tiempo el arte de leer y escribir.